Agobiante, pero con sueños


Por Miguel Cortez

Ramas secas, pedazos de madera podrida y rocas que hablan en silencio desde las sombras. Todo era gris, hacía frío y me aterraba la sensación que emergía desde la tierra húmeda. Mi piel se erizó y el silencio de la noche invadió todo mi ser. –Desastre-. Fue la única palabra que cruzó por mi mente al ver la ciudad bajo los escombros. Alguna vez este lugar estuvo lleno de luz, plazas llenas de gente, caballos recorriendo las calles, los hombres haciendo negocios en las puertas de la ciudad, niños jugando sobre las fuentes, música, arte y casas llenas de colores. Todo era tan bello, la riqueza y la prosperidad eran el sello mágico de nuestras puertas, y sobre nuestras ventanas se asomaba la abundancia y la plenitud. Luego  despierto de esa pesadilla, me incorporo a la vida y doy gracias a Dios que solo fue un mal sueño, y que nada se ha perdido, mi cama sigue en su lugar, el coche sigue en el garaje y sigo teniendo trabajo. El perro no se ha ido y todo está bajo control. Pero ¿y si pasara? ¿Qué tal si la compañía donde trabajo decide cerrar? ¿Qué tal si mi coche se lo llevan los marcianos? –Lo siento, creo que exagere-, o ¿Qué tal si se cae la bolsa de valores? ¿Qué tal si el dólar sube y el aguacate se dispara al cien por ciento? Calma! Nada de eso, seamos positivos, pero a la vez proactivos.

No soy tan negativo como piensas. Me preocupo por muchas cosas, al igual que tu tengo responsabilidades financieras que cumplir, un trabajo que atender y plantas que regar, pero intento no agobiarme ni tampoco estresarme más de lo necesario. La preocupación es buena pero hasta cierto punto, porque nos mantiene alerta y nos empuja a la pro actividad. Y este es el punto, que si nos preocupamos bastante por cierta situación pero sin ocuparnos de la misma entonces no sirve de nada. Como veras, a la preocupación hay que ponerle ocupación –y en caso de que se pueda- buscarle una solución. Hay tres cosas que debes saber acerca de los problemas, conflictos y crisis que afrontamos en la vida:

Primero, que nadie está exento de pasar algún día por problemas. Todos tenemos problemas. Las crisis y las adversidades de la vida nos pasan a todos de vez en cuando; pero, ya sea que las hayamos provocado o no, nuestro deber es afrontarlas con gran responsabilidad. Louis Pasteur decía que no debemos evitarle a nuestros hijos las dificultades de la vida, sino mas bien debemos ensenarles a superarlas. Afrontar nuestros problemas nos da experiencia y además nos prepara mejor para el futuro.

Segundo, que los problemas suelen probar nuestro carácter. Podemos llorar, sentarnos y patalear ante una crisis; también podemos quejarnos, culpar y responsabilizar a otros sobre nuestros conflictos, lo cual sería fácil pero no lo  correcto. O podemos simplemente tomar el “toro por los cuernos” y hacer algo al respecto. Buscar ayuda a veces es una opción, sobre todo cuando se nos nubla el pensamiento a causa de tanto conflicto. Recuerda que los pensamientos se ordenan con el consejo y con dirección sabia de hace la batalla. Proverbios 20:18 Ver. RV 1960. 

Y tercero, que los problemas tienen la capacidad de hacernos crecer si los afrontamos con la actitud correcta. Cada circunstancia negativa nos puede enseñar algo positivo, nuestros problemas en ocasiones nos muestras nuestros puntos vulnerables y poner atención a la voz de ellos nos hace más sabios que antes. Salomón también dijo -oirá el sabio y aumentará el saber- Proverbios 1:5. Ver. RV 1960.

Sé que los problemas que afrontamos en la vida suelen ser agobiantes, te roban el sueño y te hacen las mañanas más pesadas. El café no te hace y las ganas de hacer ejercicio se las lleva el viento como papel periódico sobre las calles de una ciudad en ruinas. Es un dia soleado pero no te das cuenta porque todo se mira gris. Pedazos de esperanza esparcidos como polvo en las horas de la madrugada. No obstante,  una vez que Dios haga cambiar todas las cosas, que lo malo se haga bueno, y lo negativo resulte positivo, entonces seremos como los que sueñan, nuestra boca se llenará de risa y así dormiremos mejor y estaremos contentos. Salmo 126:1-6 Ver. DHH. 

Miguel Cortez 

macortez1@live.com

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