Asuntos de una Reina 

Por Miguel Cortez

La reina Anthía se levantó mas temprano que otras veces, se propuso visitar su biblioteca personal antes de comenzar sus múltiples actividades, deseaba ponerse al corriente con su viejo diario que aún conservaba desde el día que murió su padre. Nunca dejo de escribir desde aquel día, todas sus experiencias, tanto negativas como positivas eran registradas por ella misma con la esperanza de crear un legado lleno de principios y consejos para su amado pueblo. Pero aquella mañana era diferente, sentada ella muy mona frente a su colección de libros privados, sintió la necesidad de ojear su viejo diario y encontró en sus primeras paginas aquellos principios que un día aprendió por experiencia propia luego de que ella y su pueblo sufrieran juntos una de las peores crisis económicas durante su reinado.

La primera oración que ella encontró decía: –No se trata de dinero; se trata de carácter- Al instante sintió como si un nudo en la garganta le estorbara, sintió ganas de llorar al recordar como ella y su pueblo habían sufrido en manos de los acreedores y estuvieron a punto de perder sus tierras, sus casas y algunos hasta sus familias. Sin embargo, fue entonces cuando ella decreto que nadie debería endeudase mas, que los lujos y la ostentosidad quedarían en ultimo termino y que desde aquel día nadie gastaría su dinero en cosas innecesarias. Fue así como empezó el primer periodo de recuperación económica, la realeza puso el ejemplo y los hábitos de consumo empezaron a cambiar; los buenos resultados no fueron inmediatos pero las cosas empezaron a mejorar cada día aún sin haber incrementado sus ganancias. Con esto, la reina recordó las sabias palabras impresas en un viejo papiro de su padre que decía -la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto- Proverbios 4:18 Ver. RV 1960. Todo era cuestión carácter, es decir paciencia, disciplina y mucha perseverancia ante un proceso de sanidad financiera.

Y mientras la reina Anthía recordaba todas estas cosas, el tiempo transcurría lentamente en aquella biblioteca mientras que un aire de nostalgia que entraba por la ventana ojeaba suavemente las paginas de aquel tesoro que con tanto interés sostenía la reina en sus manos. De pronto ella se agito, fue como si hubiera despertado de un sueño profundo, volvió la mirada a sus escritos y leyó en voz baja lo que decía en la parte central de la página –no es cuanto tengo, sino lo que hago con lo que tengo-. Al instante sonrió. Intentó meditar en estas palabras mientras organizaba sus pensamientos, repitió la frase dos veces más porque quería estar segura de no olvidar esta lección que el pasado le había enseñado sobre los fracasos financieros. Ahora que tenia un reino estable, prospero y lleno de abundancia debía recordarse a ella misma que el éxito financiero no estaba en la acumulación de las riquezas si no en el uso sabio que se le daba a los bienes materiales.

Sea poco o sea mucho lo que se tuviera en los tesoros, la reina asumió de nuevo la responsabilidad de enseñar a su pueblo esta lección, ya que en el pasado esto fue la base para que las personas de aquella crisis comprendieran que su tesoro más valioso no estaba en el dinero sino más bien en el conocimiento y la sabiduría, que dicho sea de paso fueron conceptos importantes para una mejor planificación a la hora de pensar en el futuro. -Uno nunca sabe lo que uno puede aprender acerca de su pasado si lo toma bajo una perspectiva constructiva –pensó la reina en silencio- y citando a Salomón recordó que con la sabiduría es como se edifican las casas, que con la prudencia se fortalecen las familias y que a través del buen conocimiento se pueden conseguir buenos frutos materiales. Proverbios 24:3-4 Ver. RV1960.

De pronto ella sintió un alivio, la reina soltó un suspiro, miro fijamente por la ventana y observo las copas de los árboles gigantes en El Valle por unos instantes, luego cerro los ojos para ver a su padre por ultima vez, él sonrío y ella lloro, cerro su diario y luego regreso a su alcoba con la satisfacción de haber aprendido algo bueno de sus experiencias pasadas, pero sobre todo, agradecida enormemente con su creador por la bendición de haber empezado con el pie derecho un nuevo día.

Miguel Cortez
macortez1@live.com

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