Margarita decide descansar

Por Miguel Cortez

Entre calabazas, brujas y gatos negros la luna se asomaba desde el cielo sobre el balcón de Margarita; la hormiga mas sobresaliente de aquella región. Prominente, sabia y sobre todo muy proactiva a la hora de emprender nuevas tareas ahora decide descansar. No le hace falta nada, ha trabajado mucho y los gastos que se avecinan de Noviembre y Diciembre le vienen guango –es decir, ancho y holgado-. No tiene ninguna razón para preocuparse, se sienta en su vieja mecedora y disfruta de la noche leyendo un clásico de Antoine de Saint-Exupéry, pero como la luciérnaga no creía tanta belleza, decide preguntarle a ella la razón de tanta despreocupación en plena víspera de días festivos; Margarita –la hormiga bajo la luna- le explica que no siempre fue así, pero que a principios del año ella aprendió tres cosas que le han permitido tener una buena vida el día de hoy.

Lo primero que aprendió fue a pensar siempre en el futuro. Así que se enseño a planear, ahorrar y a evitar gastos superfluos –es decir, aquello que esta de sobra o que no se ocupa-. La mayoría de las hormigas trabajan bajo este principio, y Margarita no era la excepción. –Trabaja hoy para celebrar mañana- decía ella muy orgullosa meciéndose muy tranquila y mirando hacia el cielo como dando gracias por todas las dadivas recibidas de lo alto.

Lo segundo que aprendió ella fue a sacrificar algo en el presente para lograr sus metas en el futuro, pero eso si, nunca sacrifico su salud ni mucho menos el tiempo de calidad que debía pasar con la familia. Sacrifico lujos, antojos, tentaciones y hasta la compra de aquella mecedora eléctrica que tanto le gustaba pero que desafortunadamente su presupuesto no la cubría. Pensó en adquirir un pequeño préstamo, pero luego aprendió que la bendición que viene del cielo es aquella que enriquece y no añade preocupación con ella (Proverbios 10:22 Ver. NVI.)Por lo tanto prefirió sacrificarse ella misma y vivir lejos de las deudas para no tener que preocuparse por el día de mañana.

La curiosidad de la luciérnaga casi fue satisfecha aquella noche, a no ser porque llegó de pronto la cigarra; estresada ella y con más preguntas que respuestas rápidamente se incorporó, peló bien el oído y por último la hormiga compartió su tercer y último secreto que aprendió a principio del año.

Todos estaban atentos, y bajo la luz de la luna aquella noche Margarita termino su charla diciendo que su riqueza no estaba en el hormiguero. Si bien ella había acumulado muchos recursos para estas fechas, pero en realidad su mejor tesoro estaba en el corazón de ella misma. La luciérnaga y la cigarra se miraron una a la otra sin saber que decir, pero Margarita continuo diciendo que de nada servia a uno ganarse al mundo entero si se pierde a si mismo (Mateo 16:26 Ver. NVI.). Confiar demasiado en las riquezas es inseguro. Hay que acumularlas pero nunca idolatrarlas. Hay que cuidarlas pero nunca codiciarlas. Quizá por eso la hormiga vivía muy feliz, contenta ella con lo que tenia fuera poco o fuera mucho.

Y como los días festivos estaban a la vuelta de la esquina, al terminar aquella plática la luciérnaga salio muy pensante aquella noche sobre las lecciones de la hormiga. Rápidamente saco su iPad, hizo números y se dio cuenta de que todavía tenia tiempo para ahorrar algunos centavos, sobre todo para la navidad y todas sus posadas. Y de la cigarra ya no supe nada, pero un miembro de la tribu de las libélulas me dijo aquí entre “nos” que había vendido una gran cantidad de cosas que tenia guardadas en su garaje y que nunca había utilizado. De ahí que la ultima vez que la vieron fue abriendo una pequeña cuenta de ahorros en el banco, que según ella sería algo así como un fondo para la cuesta del próximo inicio de año.

Margarita se quedo en casa aquella noche de luna, disfrutando de sus vacaciones y un rico cafesito, sin miedo a las calabazas con cara de susto, pero eso sí, muy al pendiente de Los Gatos negros porque estos si te roban el mandado. Ya sabes, un ojo al gato, y el otro al garabato.

Miguel Cortez
macortez1@live.com

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