Navidad en la ciudad de las Hormigas

Por Miguel Cortez
Ciudad Hormiguea, veinticuatro de Diciembre, hacia un frio de la hormigueada, todos en sus puestos esperaban la media noche y la reina tarareaba su canción favorita. Era navidad y el tiempo de trabajar había quedado días atrás. Las hormigas arrieras surtían de leña para las calderas, las administradoras preparaban las raciones para la comunidad y las emprendedoras se las ingeniaban para la logística de las celebraciones. Llegaban hormigas de todas las colonias; los sapientes, sabios y eruditos fueron los primeros en llegar, luego las emprendedoras que vivían en las minas frente al lago azul y por último se registraron todos los oficiales y caudillos que provenían del Árbol de Arsen, muy ordenadas ellas y equipadas para cualquier emergencia. No faltaba nadie, la Reina seguía tarareando su canción y muy mona ella con su corona se paseaba por los pasillos de la gran fortaleza real, siempre portando su báculo de oro que representaba la responsabilidad y el poder que le habían otorgado sus antecesores; finalmente llego hasta a su balcón, sonriendo llamo a sus fieles e hicieron sonar las trompetas, entonces cientos de pequeñas lámparas  se encendieron y en una caja de cristal le entregaron los tres discursos solemnes sobre estas celebraciones para que se leyeran en presencia de toda la Hormigueada.

El primer discurso hablaba acerca de los regalos. Decía que todos los regalos debían ser una expresión de amor, por cierto que era en remembranza a que el creador había dado su Hijo Unigénito como muestra de su amor para toda la creación. Juan 3:16 Ver. NVI. Es decir, el regalo perfecto. Ahora bien, a todos nos gusta recibir regalos –sobre todo en Navidad- pero bien recuerdo una frase que escribí hace algún tiempo y que bien vale la pena recordar hoy «para recibir hay que aprender a dar». Lo que quiero decir es que en Hormiguea todo el mundo se regalaba algo en estas fechas, pero dos cosas debían saber antes de salir a buscar regalos; la primera es que se trataba de expresiones amor, y la segunda es que se debía ser generoso aun sin recibir nada a cambio. Spencer Johnson decía que «la riqueza del regalo perfecto radicaba en el propio presente», quizá por eso sea que para todo el reino de Hormiguea era importante entender que el amor era la esencia de todo regalo, al igual que el creador nos dio a Jesús por amor a nosotros.

El segundo discurso se trataba de la celebración. Decía que toda celebración por estas fechas debe ser un acto de agradecimiento. Y no era para menos, en Hormiguea era bien sabido que en la ciudad de David, había nacido un salvador, que también lo llamaban «El Mesías» y que El salvaría a todo el pueblo de todos sus pecados. Lucas 2:11;Mateo 1:21 Ver. DHH. Por lo tanto, toda el reino debía estar agradecido con el creador, y en especial la reina quien era una fiel creyente de todos los escritos sagrados.

Y el tercer discurso era un mensaje, solemne e inolvidable para toda la asamblea. Decía que todos debía estar preparados para tiempos nuevos. El año terminaba, pero el nuevo estaba a punto de comenzar y era una buena oportunidad para volver a empezar, sobre todo aquellos que habían fracaso, también aquellos quebrantados de corazón, los abatidos y los enlutados, los olvidados, los rechazados y también los enfermos. También eran momento para restaurar las relaciones quebradas, ayudar al pobre y levantar al caído. Era tiempo de esperanza, donde lo viejo quedaba atrás, pero lo nuevo estaba por venir y toda la hormigueada debía estar a la expectativa.

De pronto, su majestad devolvió el discurso a la caja de cristal, e inclinándose hacia el frente toda la asamblea la siguió de igual manera, -como imitando todos sus movimientos hasta hacerse notar en actitud de adoración- acto seguido la reina ofreció una oración de acción de gracias y pidió al creador la bendición sobre toda la ciudad de Hormiguea. La celebración empezó, la música se dejo escuchar y la reina regreso a la fortaleza real donde la esperaban los monarcas para la gran cena de gala.

En Hormiguea todo era pequeño -al menos solo por fuera- porque por dentro todo era grande; la fe, el trabajo, el carácter y la productividad- aún en estas celebraciones todo era bello, magnífico y sobre todo solemne. Digno de mirar, y digno de imitar. Proverbios 6:6 Ver. RV1960.

Por otra parte debo mencionar que luego de los cuetes y las luces de bengala llegaron también las luciérnagas, las cigarras y hasta una que otra libélula, pero eso sí, con regalos y todo para celebrar juntos el nacimiento de Jesús el Hijo De Dios en medio de una rica y fría noche de Diciembre.

Miguel Cortez

macortez1@live.com
©2016 Miguel Cortez

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